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Inánimes
palabras,
vacías
de
sentimiento
abrieron
surco en
la
estéril
tierra,
seca de
amores,
seca de
quimeras...
árida...
y sin
resentimientos.
A quien
podría
reprochar
todos
mis
sinsabores,
si
envueltos
en
plomizas
brumas,
duermen
en
silencio...

De tu
recuerdo
queda
todo,
hasta un
suspiro
abierto
que se
escapara
de tu
pecho...
y
aquellas
alondras...
Oh...
esas
alondras
que se
durmieron
en mi
pecho,
vieron,
volcán y
lava,
que bañó
mi
cuerpo y
el
lecho...

Recuerdo
cuando,
desabotonaste
mi
vestido,
tus
labios
se
deslizaron
suaves
como una
pluma,
subieron
y
bajaron
despacito,
sin
hacer
ruido,
desnudos,
iluminados,
solo por
la luna.

En la
tímida
desnudez,
tu
cuerpo
fue mi
escudo,
así
fundidos,
me diluí
en tu
fuego y
en tu
furia,
mi amor
de
pureza...
fuente
de
incendiaria
lujuria,
queriendo
atrapar
el
tiempo,
tuya...
como
ninguna...

Si el
mar
tiñera
mis
sueños y
se los
llevara,
rojo mar
fuera...
furioso
de
ansias
insatisfechas...
iracundas
voces
parpadearan,
te
llamaran,
como esa
estrella
que
aquella
noche,
me
obsequiaras.
¿ Puede
quedar
triste
un
corazón
enamorado?

Si ya no
tengo
corazón...
duerme
sin
despertar...
Simplemente...
no
quiere
despertar...
abandonado.

         
  

  

  
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